Lectores hacedores

Una comunidad para animarnos a leer y vivir lo aprendido

José de Nazaret y la paternidad

Es la mitad de la noche. Vemos a un hombre joven despertar sobresaltado, pero seguro de lo que tiene que hacer. Comienza a hacer una maleta apresuradamente, y despierta a su esposa. Le explica algunas cosas, y señala al bebé. Solo se alcanza a escuchar cuando dice: Quieren matar al niño.

Ella se levanta, carga al bebé, y guarda algunos alimentos en una bolsa. Miran por un momento la casa, y salen. Él alista el burro y sube a su esposa junto con el bebé. Mira alrededor, asegurándose de que nadie los vea y se alejan, hasta perderse de vista.

Esta breve escena digna de abrir alguna película de drama es como podemos imaginar que se dio el momento en Mateo 2 cuando José recibe la advertencia del ángel de Dios con respecto al rey Herodes:

…un ángel del Señor se apareció a José en sueños, diciendo: «Levántate, toma al Niño y a Su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes quiere buscar y matar al Niño».

Mateo 2:13 NBLA

Reflexionemos en un momento clave en la vida de Jesús y de sus padres. Veremos esta historia desde la perspectiva de José. Observaremos de cerca algunas escenas, y nos daremos cuenta de algunas cualidades de este hombre y su impacto como papá.

La obediencia de José en medio de la crisis

Mateo 2:13-15 presenta una situación crítica. Cuando parecía que ya había pasado lo más difícil, viene un nuevo desafío: La vida del bebé está en peligro mortal. José y María tienen que huir, dejarlo todo, refugiarse en un país extranjero.

Llama mucho la atención la cantidad de cambios, pruebas y crisis que tuvieron que enfrentar José y María. Debido a que Mateo se enfoca en la perspectiva de José en este capítulo, meditaremos desde ese punto de vista.

José es responsable por su nueva familia. Especialmente cuando sabe que el pequeño niño que ha adoptado como hijo es verdaderamente el Hijo de Dios y el Salvador del mundo. ¡Cómo debió recibir José esa noticia! Hay peligro, hay que proteger, hay que actuar.

Sabía que la seguridad de Jesús no dependía de él, pues tenía claro que Dios cuidaba del niño. Pero sin duda él tenía un papel importante que jugar. Guiar a su familia a ese exilio para protegerlos. Ser un padre fuerte y amoroso. Ser siervo de Dios, siguiendo su guía, y obedeciendo con prontitud.

En efecto, José obedeció inmediatamente. En un momento tan terrible, él debe proteger a su familia, y seguir estas extrañas instrucciones. Probablemente ellos permanecieron por dos años en Egipto, pero al emprender su viaje no sabían cuánto tiempo pasarían allí. Aunque existía allí una gran comunidad judía, sería difícil dejar su hogar, con su pequeño bebé, para establecerse en otra nación por tiempo indefinido.

José no era un hombre poderoso, era simplemente un hombre piadoso, común y corriente, enfrentando el peligro de un rey vengativo y sanguinario.

¿Cómo nos sentiríamos si Dios pusiera en nuestras manos una responsabilidad tan grande? En un sentido, todos los que somos papás, tenemos esa responsabilidad dada por Dios. Sabemos que nuestros hijos son de Él, y nos los ha confiado para guiarlos e instruirlos en Su camino.

Ser papá es un llamado dado por Dios, y va más allá de nuestras capacidades o fuerzas, pero Él es quien nos acompaña y capacita para obedecer y servir en donde Él nos ponga. Aunque no tenía todas las respuestas, José obedeció la instrucción que recibió. ¿Cómo estamos respondiendo nosotros a ese llamado de Dios, a las responsabilidades que nos está otorgando? ¿Cómo le servimos fielmente en medio de diversas crisis?

La obediencia de José después de la crisis

Después de algún tiempo, probablemente algunos años, José recibió una nueva instrucción. Tras meses de estar en Egipto sin saber las fechas ni los tiempos que pasarían allí, recibió el mensaje angelical en sueños, y nuevamente obedeció. Esto lo leemos en Mateo 2:19-23, donde al ángel fue enviado nuevamente con un mensaje para José: Ahora era seguro regresar, pues Herodes había muerto.

Es llamado a levantarse, y dice el texto que él se levantó. Dejó todo otra vez, y emprendió el viaje con su familia de regreso a la tierra de Israel. ¿Cómo se sentiría ahora? Había ciertamente alivio, pero también incertidumbre. Nunca pensó que harían el viaje a Egipto ni cuándo podrían volver. Ahora emprendían un nuevo viaje, y tampoco tenía garantías en cuanto a un calendario específico.

El panorama era mejor, aunque no totalmente libre de amenazas. Arquelao, hijo de Herodes, resultó ser más sanguinario que su padre. Por lo que tampoco era un clima de paz y tranquilidad. José se inquietó, y durante el viaje, una noche recibió una nueva instrucción para establecerse en Galilea, al norte, alejada del centro político y religioso que era Judea.

La guía de Dios siguió siendo clave, al igual que la obediencia de José. Así volvieron a Nazaret, y permanecieron allí. Fue en Nazaret donde Jesús creció, y sabemos que también la familia creció. Se mencionan cuatro hermanos (Jacobo, José, Simón, Judas) y hermanas (ver Marcos 6:3). Volvieron a comenzar casi desde cero, aunque Nazaret había sido su hogar anteriormente. Las tareas de José como proveedor y guía de su hogar siguieron aumentando.

Del mismo modo, como papás experimentamos momentos en que pasa la crisis, y que vienen nuevos cambios. ¿Dónde te encuentras ahora? ¿Cómo lo estás sobrellevando? Dios no nos dejará sin crecer, nos traerá nuevas experiencias y circunstancias, nuevos aprendizajes y desafíos, para que sigamos creciendo conforme a la imagen de su Hijo.

Al mismo tiempo, debemos recordar que Dios no nos dejará solos. Nos fortalecerá y guiará para librar cada obstáculo.

La fe de José

Llegamos al rasgo más importante que vemos en José. Es la razón por la cual hizo todo lo que hizo. Al recordar las primeras escenas en las que José aparece en la Biblia, podemos ver en dónde estaba puesta su confianza.

Mateo 1:19 relata una prueba muy difícil para José: sentirse traicionado por su desposada. Él sabía bien que si María estaba embarazada antes del matrimonio, se debía a un pecado, se había quebrantado la ley de Dios. No podría aceptar a su desposada en esas circunstancias. Tenía que tomar una decisión difícil. Divorciarse de María en forma discreta era lo más justo y misericordioso que José podía hacer en ese momento.

Lo único que pudo cambiar su decisión fue una revelación específica, dada por Dios mismo a través de su ángel:

Pero mientras pensaba en esto, se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciéndole: «José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo. Y dará a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados».
Mateo 1:20-21

No podemos culpar a José por creer que María había pecado. Realmente era imposible que ella estuviera embarazada y, al mismo tiempo, hubiera permanecido virgen. Tan imposible que solo podría haber sido una obra de Dios mismo. Por eso José necesitaba una evidencia sobrenatural para cambiar el rumbo.

Sabemos muy poco acerca de José, pero podemos darnos cuenta de que fue uno de los primeros personajes del Nuevo Testamento en creer en Jesús sin haberle visto. Jesús ya existía, en el vientre de María. O este niño era producto del adulterio de su desposada, o era verdaderamente el Mesías prometido. No era una afirmación fácil de aceptar y creer. Pero fue llamado a creer en Jesús, aun antes de verlo o de contar con evidencia de su identidad divina. Y, aun así, José creyó, pues Dios le concedió la fe para hacerlo, y entender que verdaderamente, el Mesías estaba por llegar al mundo.

No solo creyó en el Mesías, sino que actuó en consecuencia, aun sabiendo el costo que tendría para él. «Cuando José despertó del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a María como su mujer» (Mateo 1:24) Las demás personas murmuraban, y no creían la historia del nacimiento virginal. Sería humillante para un hombre iniciar así su matrimonio, al igual que para una mujer. Pero él dio estos pasos de fe, actuó y se expuso.

Aceptó la responsabilidad de ser padre por adopción del Hijo de Dios, y criarlo y enseñarle con amor y paciencia. Podemos pensar que sería muy fácil educar en la fe a un niño que nunca pecó, pero estoy convencido de que no sería el pecado del niño lo que traería tristezas y dolor a José, sino su propio pecado, expuesto delante de Dios en la labor de la crianza.

José fue capaz de soltar su proyecto de vida para entregárselo a Dios. El Señor nos cambia frecuentemente las expectativas que tenemos, nuestros sueños, nuestros planes, nuestro diseño perfecto de cómo debe ser nuestra vida. Siempre es un cambio para bien, para nuestro crecimiento y fortalecimiento espiritual, pero muchas veces no lo vemos así.

Pregunto a todos los papás: ¿Cómo te está pidiendo Dios que renuncies a tu proyecto? ¿En dónde te está cambiando los planes? ¿Qué te quiere decir con esas circunstancias inesperadas o adversas?
Esto no significa que Dios se presente arbitrariamente en nuestra vida porque no nos ame o no le importemos. Él está con nosotros en todo momento y nos sostiene en las pruebas. Pero no podemos esperar y orar simplemente que Él haga nuestra voluntad.

Lo poco que la Biblia registra acerca de José es de mucha edificación para nosotros. Sin duda no fue perfecto, y debió sentirse abrumado en más de una ocasión. Seguramente se sintió fuera de lugar o rebasado por el llamado que recibió de parte de Dios. Pero fue fiel y se entregó a la voluntad de Dios.
Hizo el papel que le correspondía, como esposo amoroso de María, y como padre amoroso de Jesús, y de sus otros hijos. Esto nos alienta como papás a que, en la etapa en que nos encontremos, sepamos que Dios lleva a cabo sus planes perfectos usándonos en el proceso.

Dios está haciendo algo grande a través de Jesús y su Espírito en este mundo, está haciendo grandes cosas por medio de su iglesia, de sus hijos. Él quiere usarte de maneras que no te imaginas, para bendecir a muchos, para que muchos vengan a la fe.

Quiero invitarte a que, como José, estés dispuesto a levantarte y actuar. Confía en Él, aun en medio de la crisis, obedece, levántate y sirve a tu Dios. Él te quiere usar para su gloria.