Lectores hacedores

Una comunidad para animarnos a leer y vivir lo aprendido

Jesús lanza un desafío

Lectura: Marcos 4:1-20

La parábola del sembrador es una de las más conocidas figuras que Jesús usó. Es un relato sencillo y breve, tiene un solo personaje, y presenta una secuencia de eventos simples y cotidianos. Si imaginamos por un momento que estamos entre la audiencia de Jesús, quizá podamos comprender la dificultad que experimentaron los discípulos para entender esta parábola.

El desafío

Comencemos, no por el principio, sino por el final. Al terminar de narrar la parábola, Jesús desafía a su audiencia con estas palabras: «El que tenga oídos para oír, que oiga.» (Marcos 4:9). Podríamos intentar parafrasear: «Si puedes escuchar, escucha». Allí hay una invitación. ¿Seremos capaces de escuchar? ¿Seremos capaces de comprender?

El aspecto desafiante es la implicación negativa de esa misma frase. Esta podría parafrasearse: «Si no quieres escuchar, no escuches». Es una manera de hacer que el auditorio se haga responsable de su respuesta ante el mensaje expuesto.

Jesús está dando una pista para que los que oyen lo hagan con atención, con discernimiento, buscando el mensaje de la parábola.

Las reacciones

Jesús anticipa dos posibles reacciones ante lo que ha dicho. Aunque él habla de cuatro tipos de tierra, las reacciones son básicamente rechazar o aceptar. La primera reacción es presentada con tres diferentes matices. Así que Jesús comienza la parábola describiendo tres maneras de no escuchar.

El primer matiz del «no», es el que escucha con atención, para luego decir: «Esto no es para mí».

y al sembrar, una parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron.

Estos que están junto al camino donde se siembra la palabra, son aquellos que en cuanto la oyen, al instante viene Satanás y se lleva la palabra que se ha sembrado en ellos.(Marcos 4:4 y Marcos 4:15)

La semilla de la enseñanza permanece muy poco tiempo en la mente del que oyó. Al instante, la Palabra es rechazada.

La segunda variante será el que piensa: «Esto es realmente interesante, me parece muy bien; pero no quiero problemas.»

Otra parte cayó en un pedregal donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó por no tener profundidad de tierra. Pero cuando salió el sol, se quemó, y por no tener raíz, se secó.

Y de igual manera, estos en que se sembró la semilla en pedregales son los que al oír la palabra enseguida la reciben con gozo; pero no tienen raíz profunda en sí mismos, sino que solo son temporales. Entonces, cuando viene la aflicción o la persecución por causa de la palabra, enseguida se apartan de ella.(Marcos 4:5-6, y Marcos 4:16-17)

En este caso, la semilla permanece un poco más de tiempo, pero no se le da el valor que tiene, por lo que no hay disposición a padecer. Se rechaza para volver a la comodidad o seguridad previa.

El tercer matiz de la respuesta negativa sería: «Esto está muy bien, y estoy de acuerdo, y me gusta mucho; pero tengo otras prioridades y no tengo tiempo para esto.»

Otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.

Otros son aquellos en los que se sembró la semilla entre los espinos; estos son los que han oído la palabra, pero las preocupaciones del mundo, y el engaño de las riquezas, y los deseos de las demás cosas entran y ahogan la palabra, y se vuelve estéril.(Marcos 4:7, y Marcos 4:18-19)

De nuevo, Jesús explica que esta respuesta comienza por un sí, pero solo de manera temporal. Hay otras prioridades en la mente de las personas que les hacen abandonar la semilla muy pronto. Lo poco que se sembró muere porque otras cosas se vuelven más importantes y apremiantes.

Estas tres maneras de decir no parecen condenar el relato a un final trágico. El conflicto de la breve narración ha aumentado hasta este punto, por no haber obtenido buenos resultados. Parece que la labor y esfuerzo del sembrador han sido en vano. ¿Está Jesús anticipando que muchos de los que lo escuchaban en ese momento se irían de regreso a sus casas tal como llegaron?

Pero la última reacción cambia el panorama por completo. Finalmente aparece una reacción positiva: «Sí. Lo creo, lo quiero vivir y lo voy a compartir.»

Y otras semillas cayeron en buena tierra, y creciendo y desarrollándose, dieron fruto, y produjeron unas a treinta, otras a sesenta y otras a ciento por uno.

Y otros son aquellos en que se sembró la semilla en tierra buena; los cuales oyen la palabra, la aceptan y dan fruto, unos a treinta, otros a sesenta y otros a ciento por uno.(Marcos 4:8, Marcos 4:20)

Por fin, encontramos la buena respuesta. Llama la atención observar que aunque solo se menciona una reacción realmente positiva, esta vale por 100, ya que decirle que sí a Jesús conlleva el deseo de hablar a otros. Esta parábola termina con la buena tierra transformándose en los nuevos sembradores. El fruto que sí creció, comenzó a multiplicarse y dar más semilla que dará más fruto.

Se trata de una vida de fe, donde se comparte la Palabra con otros que se volverán, a su tiempo, en nuevos sembradores.

La semilla

Jesús ha estado sembrando una semilla, ante la cual no se puede permanecer indiferentes. Pero, ¿qué es la semilla? Es el mensaje. Es la Palabra de Dios. Lo que él ha dicho. Lo que Jesús hizo y dijo. La identidad de Jesús.

La semilla es la gran narrativa de toda la Biblia que nos habla del Dios Creador, la humanidad rebelde, la misericordia de Dios para reconciliar a la humanidad consigo mismo a través de Jesús, y la renovación de todas las cosas en el final de la historia. Es el llamado a creer y abrazar esta visión, y contagiarla a otros.

La semilla es el evangelio, las buenas noticias que hay en Jesús.

Tomando el desafío

La parábola no queda allí. El desafío que Jesús lanzó sigue vigente, y nos apremia a responder.

¿Cómo responderás? «No es para mí»; «No quiero problemas»; «No tengo tiempo»…

¿Tienes oídos? ¿Puedes escuchar?