Lectores hacedores

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Conociendo a Dios en medio del dolor

El sufrimiento no es el tema del libro de Job. El tema del libro es conocer a Dios. El sufrimiento es el escenario donde esto sucede. Es decir, es la circunstancia específica en que Job conoció verdaderamente a Dios.

Pero podríamos ir más allá y afirmar que el libro nos invita a conocer a Dios en toda circunstancia. Después de su gran prueba, Job recuperó su bienestar. Pero ya no sería el mismo. Entendió que lo principal es una relación viva con Dios.

Abrámonos a esta experiencia de conocer a Jesús no solo en medio del dolor sino en todas las circunstancias.

Veamos algunos aspectos de esta relación viva y renovada de Job con Dios.

Temor

Entonces Job respondió al Señor: «Yo soy insignificante; ¿qué puedo yo responderte? Mi mano pongo sobre la boca. Una vez he hablado, y no responderé; aun dos veces, y no añadiré más». (Job 40:3‭-‬5)‬‬‬

Esta es la definición de temor de Dios. Entender quién es Dios y quién soy yo. Pongo la mano sobre mi boca. Esto nos recuerda mucho a la reacción de Pedro ante Jesús después de presenciar los actos sobrenaturales de Jesús en la pesca milagrosa. Esto le hizo entender a Pedro quién era Jesús realmente:

Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús, diciendo: «¡Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador!». Porque el asombro se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la gran pesca que habían hecho; (Lucas 5:8-11)

Saberse insignificante delante de Dios no es minimizar nuestra importancia. Es encontrar nuestro correcto lugar, ni más ni menos. Debemos recordar lo maravilloso y glorioso que es nuestro Dios. 

Entonces entenderemos el tamaño de las buenas noticias: Ese es el Dios que me busca, me ama y me invita a ser parte de su familia.

Justicia

Job y sus amigos tenían un concepto pobre y limitado acerca de la justicia y la salvación. Creían solamente en la justicia retributiva. Esperaban que, si se mantenían agradando y obedeciendo a Dios, Él les concedería bendiciones y, en última instancia, la salvación. Mantener su puntaje en cero, debería ser suficiente.

Elifaz lo resume muy bien cuando dice:

¿No es tu temor a Dios tu confianza, y la integridad de tus caminos tu esperanza? Recuerda ahora, ¿quién siendo inocente ha perecido jamás? ¿O dónde han sido destruidos los rectos? (Job 4:6‭-‬7)‬‬‬

Creían que era posible justificarse. Pero toda esta experiencia tiene a Job muy confundido, desesperado y perplejo. Comienza a darse cuenta de que no puede afirmar que es justo delante de Dios. Esto lo podemos ver en Job 9:28-33

Comenzó a ver que hacía falta alguien que pudiera ser mediador entre él y Dios. Yo soy pecador. Dios no es un ser humano. No hay quien pueda colocar su mano sobre ambos para así mediar la situación.

En medio de su dolor, se dio cuenta de que necesitaba a uno, que es exactamente Jesucristo. El que es perfectamente Dios y perfectamente hombre, que intercede por nosotros ante Dios.

No es porque Dios no quiera perdonar, pero es santo y no puede hacer caso omiso del pecado. Pero por su misericordia y gracia, Él mismo establece el medio para perdonar.

Esto se puede ver claramente en Hebreos 4:14-16.

Teniendo, pues, un gran Sumo Sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. 

Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino Uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. 

Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.

Hebreos 4:14‭-‬16 NBLA‬‬

Precisamente, Jesús es nuestra justicia. En ese glorioso intercambio cargó nuestra maldad y puso su perfecta vida de obediencia en nuestro historial.

Gracia

“Entonces Yo también te confesaré que tu mano derecha te puede salvar”. (Job 40:14)

Job necesitaba saber y entender que él no podía salvarse a sí mismo, ni se le exigía que lo hiciera. Si en su espalda estuviera el peso de salvarse, ¡qué desesperación tan terrible vivir cada día!

Otro fruto de ver a Dios con sus propios ojos fue que entendió por fin la gracia. Él creía que todo lo bueno que recibió era proporcional a todo lo bueno que él mismo había hecho.

En 42:5-6 tenemos finalmente la confesión y arrepentimiento de Job. No se arrepiente por el supuesto pecado oculto del que habían estado hablando sus amigos. Está arrepentido de esa forma de pensar que había tenido, y de ser un pecador que se había creído justo. Ahora reconoce que todo es dado por gracia.

Job necesitaba entender esa dinámica de la relación con Dios. Lo que Dios le concedió al inicio de su vida, la misma prueba que sacudió su forma de ver la realidad, a Dios y a su propia vida, y todo lo que le concedió al final de la prueba, todo ello fue solo por gracia.

Puedo imaginar a Job contemplando cómo las cosas cambiaban: Dios lo sanó, se reconcilió con sus amigos, su esposa volvió a su lado, comenzaron a nacer sus hijos, sus negocios comenzaron a prosperar poco a poco. Y ahora entendía que todo era por gracia, no por sus méritos. Qué gran diferencia en la forma de ver y vivir cada bendición recibida.

Esta es una relación totalmente renovada. Entender que, por nosotros mismos, no podemos ser justificados delante de Dios, y no necesitamos hacerlo. Necesitamos aceptar el regalo de la salvación a través de la fe. Jesús ya lo compró por nosotros.

Todo lo bueno que podamos recibir es por su gracia. Y cuando las circunstancias son más difíciles, contamos con su presencia amorosa y llena de gracia.

El cualquier situación, su gracia no nos abandona.

Reflexionemos:

¿Cómo se ve el temor de Dios en mi vida cotidiana?

¿En qué formas vives y celebras que necesitas a Jesús?