Un par de pinceladas acerca del libro de Job para entrar al texto.
En primer lugar, necesitamos acercarnos al libro como a una obra de teatro. No es muy usual leer teatro (solo las personas que estudian teatro o que leyeron los griegos en la prepa lo hacen). Pero podemos pensarlo como una película. Tenemos lo que dicen los personajes, pero debemos imaginar cómo lo dicen, y qué está sucediendo en la escena. Lo principal es ponerse en el lugar de los personajes y tratar de comprender sus palabras.
Lo segundo es que debemos tener en cuenta que es literatura escrita con estilo poético. No debemos pensar que así hablaban estos hombres, sino que esos sucesos fueron puestos en un formato estilizado y artístico para resaltar ciertos temas y aspectos de la trama. Debemos activar el cerebro de artistas que tenemos.
Al comenzar el libro de Job, Dios parecía muy lejano. Las primeras escenas lo describen rigiendo sobre la corte celestial, como atendiendo grandes asuntos. Ha bendecido a Job, lo ha prosperado, y Job es “condecorado” con el título “mi siervo”. Job mismo se refiere al tiempo pasado cuando sentía la compañía de Dios. Pero todo se percibe como una especie de relación distante.
Job 38:1 es el clímax del libro, en el que Dios visita a Job. Recordemos que se encontraba enfermo, a las afueras de la ciudad, en una especie de cuarentena, lejos de todos, excluido de la vida social. Allí, Dios lo visita. Observemos a detalle este texto.
Este solo versículo es lo que Job necesitaba. Más que una respuesta informativa o filosófica, más que un «por qué» para racionalizar su dolor. Cada palabra de este versículo merece su propia meditación.
Te invito a releer el texto haciendo una buena pausa en cada línea. Ponte en el lugar de Job, y piensa qué significa que esto haya sucedido en ese momento de su vida:
«El Señor
Job 38:1
respondió
a Job
desde el torbellino
y dijo»
Ahora vamos a revisar el pasaje frase por frase, para reflexionar en la profundidad de este momento.
El Señor respondió
La RVR1960 dice “Jehová respondió” . Se usa el nombre personal de Dios, YHWH, que recuerda su pacto. Aunque Job aparece en la historia mucho antes del pacto, y es un gentil (valga el anacronismo), también es injertado en el pueblo por la fe. El Señor, el Eterno, Dios mismo, el Creador, el Todopoderoso, acude a esta cita con Job. No envía un ángel, ni otro de sus supuestos amigos (Dios sabe que eso es lo último que Job necesita). Él mismo lo visita.
Todas las palabras que Dios pronuncia en esos impactantes discursos parecen extrañas. Pero si pensamos la escena sin palabras, sino con imágenes u otra manifestación artística, veríamos a Job contemplando a Dios, sin hablar. Como un largo y poderoso momento entre Job y Dios. El autor de este libro usa las palabras de manera magistral para pintar la gloriosa presencia de Dios.
Tal vez para este punto, Job ni esperaba que Dios hiciera algo, pues le parecía haber estado esperando una eternidad.
“Respondió” es una palabra curiosa, ya que podríamos argumentar que Dios no le respondió a ninguna de sus preguntas. Pero sí hay una respuesta, no es un argumento ni una disculpa. La respuesta es Dios mismo, allí, con Job, en medio de su dolor físico y emocional.
El autor Mike Mason lo resume de esta manera:
“Si nos parece exasperante que Dios nunca le dé a Job ninguna razón por su larga prueba de sufrimiento, entonces hemos perdido por completo el punto central de estos últimos capítulos. Si bien es cierto que la respuesta del Señor a Job no es ni lógica ni teológica, esto no es lo mismo que decir que Él no da ninguna respuesta. El Señor da una respuesta. Su respuesta es Él mismo”.Mike Mason, El evangelio según Job
Esto no significa que Job no necesita reflexionar, pensar o evaluar la situación. Significa que lo que realmente necesita es encontrarse con Dios. Es Dios quien viene al encuentro de Job, después de todo lo que se debatió, lloró y clamó anteriormente. Dios demuestra que no es indiferente, y que estuvo escuchando todo el tiempo.
Anteriormente, Job se había clamado: “Si yo llamara y Él me respondiera, No podría creer que escuchara mi voz”. (Job 9:16) Pero Dios siempre estuvo allí. No como un ser mecánico, programado para dar recompensas a los buenos y castigos a los malos, sino como un ser personal, cercano, amoroso.
Te animo a que tengas esto presente: Dios está verdaderamente escuchando. Está verdaderamente allí. Si, como Job, estás atravesando un momento donde no lo ves por ningún lado, puedo asegurarte que Él está allí contigo, escuchando.
No te puedo decir que todo será mejor mañana, ni que todo se resolverá como lo quieres. Pero sí te puedo decir con toda certeza que Él está contigo. Él ve, Él oye.
A Job
El texto especifica que El Señor respondió a Job. Vino directamente a Job. Más tarde hablará con Elifaz, pero ahora está enfocado en una persona: Job. Si alguna vez has platicado con una persona “muy importante” sabrás lo que se siente que te haya concedido unos minutos de su apretada agenda para atenderte. ¿Qué decir de Dios, tomándose todo ese tiempo para atender a una sola persona, a uno solo de sus siervos?
A la vez, debió causarle a Job algo de temor, pero también consuelo, maravilla, asombro, conmoción. Quizá pensó algo como: «Dios está aquí, y vino a visitarme, a responderme a mí.» Dios buscó a Job, en donde estaba, tal como estaba. No esperó a resolver todo para ir a encontrarse con él, para poder verlo sano, vestido de gala y con un corazón agradecido. Fue al basurero de la ciudad, al caos de emociones que había en Job, en medio de su dolor, peste, lágrimas, sudor y cenizas.
¿En qué momento de tu vida crees que Dios te va a buscar? ¿En qué momento piensas que te responderá y te hará saber que te escucha y te entiende? Dios no es como las personas, que te evitan cuando te ven mal, pero te buscan cuando pareces estar bien.
Él va a ti en la situación en que estás, aun en tu peor momento. En esas ocasiones en que sientes vergüenza siquiera de pensar en orar, Él está allí cerca y dispuesto a escuchar. Te busca cuando ya no quieres buscarlo más. No le da miedo entrar al peor lugar para hacerte saber que puedes encontrarlo.
Desde el torbellino, y dijo
La frase “desde el torbellino” nos recuerda la grandeza y poder de Dios. Así como en la cima del monte Sinaí Dios se manifestó ante el pueblo de forma imponente, vino a ver a Job en un torbellino. Un tornado, una tormenta. Podemos imaginar nubes, rayos, truenos.
“Y aconteció que, al tercer día, cuando llegó la mañana, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un sonido tan fuerte de trompeta, que hizo temblar a todo el pueblo que estaba en el campamento.”
Éxodo 19:16
Job debe recordar a qué Dios le ha estado hablando. No es un mecanismo cósmico que mantiene las cosas en orden. Es un Dios grande, sabio, poderoso, lleno de majestad. Se acerca, pero no es igual a nosotros. Nos escucha, pero demanda respeto. Perdona y ama, pero también es santo. No se puede tomar a la ligera.
Dios es grande y majestuoso. Ni siquiera cuando se hizo ser humano, dejó de ser Dios. Recordemos las cosas que hizo Jesús. ¡Mandar a callar una tremenda tempestad en el lago de Galilea no es poca cosa! ¿Qué tal cuando le ordenó al muerto que saliera de la tumba? ¡Y Lázaro obedeció y salió! Pero recordemos también cómo se acercó a enfermos, mujeres, niños, marginados. Sabio, poderoso, majestuoso… cercano. Único.
CONCLUSIÓN
Este versículo se resume en una sola palabra, este versículo grita un nombre, este versículo susurra estas dos conocidas sílabas: “Jesús”.
Es lo que Jesús vino a hacer. Se hizo presente en nuestra miseria, entró a nuestro mundo, en sentido literal y en el sentido más profundo, supo lo que era vivir, dolerse, llorar, amar, reír, cansarse…
Vino a nosotros, a cada uno de nosotros, nos respondió y sigue respondiendo todo lo que está hirviendo en nuestro corazón, y nuestra mente. Nos habla desde su condición de Dios y hombre.
Si no fuera Dios, ¿qué podría ofrecernos?, ¿qué podría hacer? Si no fuera humano, ¿cómo podríamos creer que entiende todas nuestras experiencias? Él tiene en su mano el poder, pero también tiene el amor y la misericordia hacia nosotros.
El libro de Job, como toda la Biblia, es parte de la historia más sorprendente de todas. La historia de cómo Dios entró a habitar en medio de su propia creación, y estando expuesto a morir, dio su vida para salvar a la humanidad. La Biblia es la historia de Jesús: Dios en medio de nosotros.
Esa es una buena noticia para nosotros.
Él sabe cómo estás hoy. Él te acompaña y espera.
Mi oración es que conozcas, te encuentres, y veas con tus propios ojos a este Dios, a este Jesús, que te dice: Hice este viaje para que me puedas conocer.
Reflexiona:
¿Con qué palabra o frase describes cómo te encuentras en este momento, esta etapa, este día, este año?
¿Con qué palabra o frase corta describes lo que Jesús es para ti en este momento?



